Sobre el fuego y el valor diferencial

Sobre el fuego y el valor diferencial

En el pasado número de Wazo, Carlos Guillen, de la Universidad de Alicante, escribía sobre la creatividad y la obsesión que tenemos de analizar las aptitudes del individuo antes que su trabajo. Además, destacaba los factores externos que intervenían en la consecución de las metas de una persona creativa, entre ellos tenemos el entorno, la capacidad de trabajo, la colaboración, experiencia en un campo y la capacidad de improvisación, entre otros (aunque algunos de estos factores yo los consideraría también internos).

Al leer el texto reflexioné sobre la relevancia que adquiere la creatividad a la hora de construir nuestra marca personal y esto se refleja en nuestro producto a través del valor diferencial, es decir, ¿qué me ofrece aquello que creas que no me ofrece lo que crea “tu vecino”? En este caso me viene a la cabeza una canción de la M.O.D.A titulada: Hay un Fuego. En concreto, la parte del estribillo que dice lo siguiente: hay un fuego dentro que nos guía desde niños, la llama se quema si detrás no hay un latido. Ese fuego es la base de todo, sin él es muy difícil comenzar a caminar en nuestro proyecto y seguir avanzando una vez iniciado. También pienso que todos poseemos una llama interna, la cuestión es cómo canalizarla en pos de conseguir unos objetivos fijados.

A lo largo de la historia tenemos claros ejemplos en los que el fuego y la capacidad de crear se han aliado para ofrecernos un producto cultural diferente a los demás y que calaba en los consumidores. Claro está que hay una serie de elementos, citados al inicio de este artículo, que son imprescindibles para alcanzar las metas fijadas. Hay mucho esfuerzo, sacrificio y constancia detrás de las musas. En esta línea recuerdo uno de los últimos programas de esta temporada en el que Los Laberintos del Arte nos hablaron sobre el legado artístico de Pedro Pablo Rubens (1577-1640). La producción del pintor es prácticamente inabarcable, una labor en la que no sólo juega un papel fundamental el talento artístico, también la visión empresarial. Rubens tenía un taller en Amberes compuesto por una serie de artistas, que junto a él, creaban lienzos por encargo para el viejo continente. Rubens supo canalizar su fuego y capacidad creativa, pero sin muchos otros factores tanto internos como externos, la empresa no hubiera dado sus frutos.

El Café de la lluvia tiene, tras su séptima temporada, el reto de ser sostenible en el tiempo, de dar el salto y encontrar un espacio dentro de la industria cultural, ser un medio referente. Consideramos que el proyecto tiene los elementos necesarios, aquí citados, para conseguirlo. Esperamos que así sea y podáis seguir leyéndonos en espacios como Wazo Magazine por mucho tiempo.

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