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Industrias Creativas

SE HALLA DE VENTA LA MÚSICA SIGUIENTE…

Blas de Laserna (1751-1816) en el bicentenario de su muerte. Una mirada sobre el teatro musical de la época

El comercio musical en Madrid: Blas de Laserna (1751-1816)

Si volvemos un instante la mirada hacia el pasado, un pasado nuestro, cotidiano y pensamos en los recursos que existían para escuchar, aprender o comprar música sin la rapidez y comodidades actuales nos daremos cuenta del valor que tiene un instante, un momento plasmado en una carta, en un pedazo de papel, en una partitura. En 1803 Madrid, villa y corte, conocía ya sobradamente al músico Blas de Laserna: compositor de música de los teatro del Príncipe y de la Cruz. Su carrera compositiva giró alrededor de la tonadilla escénica, ese cuadro de costumbres que a finales del siglo XVIII vio plasmado entre sus versos la gracia de la música española. Los teatros de la capital se vestían de tonadilla y agasajaban a sus asistentes, entre comedia y comedia, con las novedades musicales que preparaban los compositores. La tonadilla era un género fugaz, estaba de moda y el público demandaba siempre obras nuevas. Hoy de esa música, de esos momentos, nos quedan papeles, partituras escritas a mano, con tinta y pluma. Y no todos, solo algunos que han conseguido sobrevivir y no perderse entre el paso de los años y que esperan ser leídos, estudiados, conocidos, extrayendo de nuevo sus sonidos. En definitiva, rescatados.

SE HALLA DE VENTA LA MÚSICA SIGUIENTE

Esto no ocurría solamente en el ambiente del teatro, la corte o la iglesia. La música manuscrita era una práctica habitual y si estaba presente en los ambientes culturales más prolíficos lo estaría también sin duda en lo que ya no era el refinado aire de la corte, si no un espacio urbano donde se emulaba la ópera, la comedia, la cámara del rey y que seguía siendo ‘villa’. Hay que tener presente que España no contó con una imprenta especializada en música y centrada solamente en esta hasta 1816 y que hasta entonces, los intentos de creación de tal empresa se vieron abocados al fracaso. El retraso en adoptar las técnicas que ya se empleaban en toda Europa y la falta de una demanda suficiente que pudiera mantener una imprenta musical en funcionamiento se consideran las razones principales del escaso desarrollo de la impresión musical en España. Sin embargo, a comienzos de siglo Madrid contaba con una red de librerías y otros establecimientos que distribuían música, gran parte de ella manuscrita, y que es el ápice del comercio musical especializado en nuestro país. Si bien estas librerías no estaban especializadas, algunas de ellas lograron afianzarse dentro de un mercado destinado a satisfacer y proveer de música a profesionales y aficionados. Dentro de la diversidad de establecimientos que localizamos en los primeros años del siglo XIX, ubicados en torno a la madrileña Puerta del Sol, se encontraba un almacén de música donde podían adquirirse arreglos de arias y sinfonías de óperas, canciones, arreglos para piano o guitarra y algunos métodos de enseñanza del solfeo y de instrumentos. Este almacén lo estableció nuestro protagonista, Blas de Laserna, ya al final de su carrera con la intención de facilitar partituras a aquellos que tuvieran interés por la música y para aumentar sus ingresos, ya que los que le proporcionaba el teatro no resultaban demasiado elevados.

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Antes de abrir su propio almacén, la música de Blas de Laserna, sus arreglos y sus copias, circulaban en la capital a través de otras librerías. También se distribuía la música de otros compositores nacionales y de los extranjeros que ya habían ganado fama en Europa. Principalmente, un repertorio formado por canciones con acompañamiento de piano o de guitarra, arreglos para canto con acompañamiento de arias de óperas, piezas de danza, dúos, tríos, cuartetos y métodos de piano, guitarra o canto eran las obras que circulaban en el espacio urbano de Madrid avivando el comercio musical. Desde ahí se distribuían también a otras provincias. Gran parte de esta música urbana se ha perdido. Su formato manuscrito, volátil y frágil, y su contenido, más práctico y funcional y quizá por ello menos considerado, puede que hayan contribuido a su pérdida, quedando olvidados los sonidos que contenían y los momentos que atesoraban. Su rastro lo seguimos a través de otros papeles, destinados a anunciar y difundir noticias, eventos y novedades: la prensa. En los periódicos se anunciaban con frecuencia las nuevas obras y las librerías donde podía hallarse de venta «la música siguiente…».

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Este año del bicentenario de la muerte de Blas de Laserna dedicaremos unos momentos a recuperar los sonidos que dejó plasmados en algunas partituras que se conservan hoy manuscritas en Berlín. De este modo, intentaremos recuperar también esos instantes de un pasado no tan lejano, no tan actual y no tan rápido pero aun así, nuestro.

Acerca del autor

Fernando Antón

Spanish classical guitarist & Musicologist

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