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Industrias Creativas

Fenómeno Otaku en Occidente

Otaku

LA SUBCULTURA OTAKU: LOS HIJOS DE LA CULTURA DIGITAL

Parte II: Fenómeno Otaku en Occidente (Lee también parte I: UNA VISIÓN DE LOS ORÍGENES: LA SUBCULTURA OTAKU EN JAPON)

A pesar de aparecer tímidamente en los años 70 y 80 algunas series de producción japonesa como Heidi, Marco o Candy Candy, fue a mediados y casi finales de los 80 y principios de los 90 cuando llegaron a las televisiones occidentales los mangas y animes que marcarán a toda una generación y que sembrarán en algunos la semilla que posteriormente los transformaría en Otaku occidentales. Y es que es de la mano de series que hoy en día se consideran ya clásicas, como por ejemplo, por nombrar algunas: Dragon Ball y Dragon Ball Z, Oliver y Benji, Ranma ½, Sailor Moon, Rurouni Kenshin, Reena y Gaudi, Doraemon o Yu Yu Hakusho, que muchos jóvenes occidentales empezaron a sentir fascinación por esos dibujos animados diferentes, cuyos personajes y  escenarios parecían sacados de otro mundo, con otros valores y otros principios. Llegados a la adolescencia, éstos jóvenes con aficiones similares empiezan a reunirse en grupos para poder hablar de esas series que tanto les fascina y les llama la atención, porque no sólo tiene hechos que hasta el momento no se habían visto en los dibujos animados occidentales (como la violencia exagerada que se da, por ejemplo, en Dragon Ball Z y Rurouni Kenshin que choca tanto a niños como adultos, acostumbrados a unos dibujos animados bastante edulcorados. De hecho, ambos animes fueron censurados en sus versiones occidentales, quitando sangre u otros acontecimientos  escabrosos, arriesgándose a variar ligeramente la trama) sino que tiene un toque exótico que les llama la atención. Estos grupos son los que posteriormente se definirán como Otakus, y tienen la necesidad social de organizarse en grupos, crear espacios y lazos sociales con otros pares, donde poder difundir el por qué de su pasión. Ahí radica la diferencia entre el Otaku japonés y el occidental.

El Otaku occidental no es un paria in extremis como lo es su homólogo japonés, sino que toman de sus personajes favoritos palabras, escenas, o relatos y los aplica a su vida. Ven  en esos dibujos animados un idioma y una forma de actuar con unos valores que son un tanto diferentes de su país y de su cultura, pero que les gusta, les llega y deciden aplicarlo; y no contentos con ello, deciden investigar y buscar, descubriendo un mundo nuevo y exótico para ellos que les llama la atención. Los Otakus occidentales no se quedan en el mero consumismo, sino que buscan generar cambios de pensamiento. El anime y el manga les marca como “debe ser” una persona, a través de las identificaciones con los personajes animados. ¿Pero qué hace a los personajes manga tan atractivos? La respuesta es muy simple, siendo una cultura que siempre ha dado una gran importancia a los valores estéticos, los japoneses tienen una gran variedad de estilos estéticos definidos, sabiendo potenciarlo y generar un sentimiento moe (palabra del argot japonés que se refiere a un fetiche. Los rasgos moe más comunes suelen ser aquellos relacionados con las emociones) en sus consumidores, que no dudarán ni un minuto en consumir vorazmente todo lo que toque o tenga relación con sus series o personajes por los que sienten predilección.

Esto fraguará un tipo de consumismo de carácter cosmopolita, ya que cada vez más, los Otakus van a sentir necesidad de conocer más, ya no sólo otros mangas y animes, sino cultura japonesa también, lo cual les abre la mente para ser más tolerantes con la diversidad. Y aquí es donde entra Internet y la Web 2.0, con la que los Otaku de todo el mundo tumbarán fronteras, y se darán cita on-line o incluso físicamente en las convenciones manga, haciendo apología de una convergencia popular, y escudriñarán el planeta en busca de otros de su mismo género con los que mantener contacto y charlar. Y es que un Otaku es un claro ejemplo de convergencia en sí, fundiendo rasgos de Gamer, Otaku y Geek, resultando en lo que en España se viene denominando un “Friki”.

A finales de los años 90 y a principios del nuevo milenio, llegaron a las pantallas occidentales más producciones, con un estilo nuevo y unos dibujos mejorados, que no hicieron más que asentar el sentimiento entre los Otakus de la primera generación, y sembrar más semillas en los niños que vivieron series como Card Captor Sakura, Evangelion, Naruto, Digimon, Pokemon, Yu Gi Oh!, o One Piece; mientras que algunos clásicos como Dragon Ball Z y Doraemon nunca abandonarán definitivamente las pantallas, pasando en bucle en algunas cadenas. Propiciarán que la zona de influencia globalizadora que hasta ahora llegaba desde Estados Unidos ahora se vea con una seria competencia llegada desde Asia, con Japón abriendo la marcha.

Continua… en el próximo número de Wazo Magazine.

Lee también parte I: UNA VISIÓN DE LOS ORÍGENES: LA SUBCULTURA OTAKU EN JAPON

Acerca del autor

Wazo Magazine es la revista colaborativa gratuita de Wazo Coop. Se trata de una publicación social que da acceso a personas voluntarias que contribuyen a su realización aportando artículos relacionados con proyectos de industrias creativas e innovación social.

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