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Juana de Arco la Pucelle De Orleans

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Juana de Arco (Jeanne d’Arc, en francés), conocida como la Doncella de Orleans (o, en francés, la Pucelle) heroína francesa y santa de la Iglesia católica, nació en Domrémy, en la región de Lorena, en el noreste de Francia, probablemente en 1412. La extraordinaria epopeya de esta hija de campesinos, comenzó a los 13 años cuando la joven Juana empezó a escuchar “voces” y ver apariciones de ángeles, en particular al arcángel Miguel, que la instaban a ir en auxilio del rey de Francia, Carlos VII de Valois.

En aquel tiempo la situación de Francia era muy complicada políticamente, desde el 1420 con el tratado de Troyes, se reconocía a Enrique V de Inglaterra como legítimo rey de Francia en perjuicio de Carlos VII. En el 1429 la joven doncella vestida con ropa masculina se desplazó a Chinon, donde se encontraba la corte de Carlos VII. Una comisión de teólogos la examinó y se convenció de que Dios la había enviado para liberar la Francia de sus sufrimientos. De esta manera tal y como le habían indicado las voces, Juana convenció al Delfín de que ella era la enviada para ayudarle a reconquistar Francia.

El mito y el prestigio de Juana de Arco se produjeron poco después cuando la Pucelle participó directamente a las operaciones militares de asedio en la ciudad de Orleans. En aquel momento el Delfín Carlos se hallaba en una situación muy difícil, empujado militarmente por los británicos, que se habían aliado con los duques de Borgoña, y con su legitimidad puesta en duda, pues los ingleses habían difundido ampliamente el rumor de que era hijo de la reina, pero no del rey loco Carlos VI. Equipada con una armadura blanca y portando un estandarte, como ha sido representada en numerosas pinturas, se puso al frente de las tropas y obligó a los ingleses a levantar el sitio de Orleans, derrotando al general británico Talbot en Patay. La victoria de Patay permitió la consiguiente liberación de Orleans. Este hecho fue el detonante de una serie de victorias francesas y produjeron una unificación política alrededor de Carlos VII, que fue solemnemente coronado rey de Francia en la ciudad de Reims el 17 de Julio del mismo año con la presencia de Juana de Arco. Desde este momento repentinamente las cosas para Juana van empeorando. Por un lado empiezan las primeras derrotas (el fracaso de la ofensiva contra París) y por otro lado nuevos escenarios políticos intentan limitar la actuación de la impredecible Juana. Varias veces la corte y el mismo rey la animan a ingresar en un convento. Los jefes militares franceses, temían el ascendiente que Juana estaba tomando sobre el rey Carlos y, especialmente, les aterrorizaba el hecho de que la intervención divina (a través de Juana) estaba convirtiendo la guerra feudal en una lucha nacional y popular. Deseaban ser ellos los protagonistas de la victoria y no que el pueblo atribuyese todos los éxitos a una joven profetisa.

En total aislamiento y caída en desgracia en el 1430, la joven fue capturada por el duque de Borgoña, Felipe, quien la entregó a cambio de un gran rescate a los ingleses.  Después de cinco meses de juicio, bajo la dirección del obispo Pierre Cauchon y del inquisidor dominico Jean Le Maître, Juana de Arco se negaba a confesar provocando muchas dificultades a los jueces. Cauchon imposibilitado a cerrar el juicio con la condena de la joven cambió repentinamente de estrategia, abandonó las acusaciones de brujería concentrándose en las de herejía. Elaboró una lista de 12 artículos de acusación que fueron sometidos al juicio de las facultades de teología de la Universidad de París. Las respuestas de los doctores parisinos fueron conforme a lo esperado juzgándola como una mentirosa, invocadora de demonios, blasfema y travestida con ropa masculina, que además de escandaloso era sinónimo de paganismo. La sentencia se ejecutó la mañana del 30 de mayo de 1431, hace 584 años. Fue atada a una estaca y quemada viva en la plaza del Mercado Viejo de Ruán, al noroeste de Francia, y sus cenizas fueron arrojadas al río Sena. Carlos VII después de expulsar los ingleses en 1453 hizo anular la condena de La Doncella de Orleans cuyo acto ratificaba su legitimidad como Rey designado por Dios. La misma Iglesia un poco más tarde el 1920 por el Papa Benedicto XV, después de verificar la santidad con el fuego, la declaró santa y patrona de Francia.

Para saber Más:

Duby, G.y R.  (ed.) (2005). Los Procesos De Juana de Arco.Granada . Universidad de Granada.

Gordon, M.  (ed.) (2001). Juana de Arco. Barcelona. Mondadori

Acerca del autor

Andrea Vincenti

Arqueólogo y cooperante. Viajero y Knowmad. Trabajo desarrollando proyectos que generan impacto positivo en la sociedad a través de proyectos sociales que involucran patrimonio y comunidades locales, buscando la mejora de la vida de las personas.

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