Hibrido! Segunda parte: volver al cuerpo

Hibrido! Segunda parte: volver al cuerpo

He dejado mi cuerpo para elevarme más allá de las nubes, y ahora no sé como agarrar lo que anhelaba alcanzar, ya que no tengo manos. ¡Estoy perdido!

En mi artículo anterior para Wazo nos dejamos esta lamentación, trágica y llena de remordimiento. Es aquí que empieza una contra-revolución, recobrando el instrumento el cuerpo perdido. Pero como no podemos volver atrás, el cuerpo va a ser un nuevo cuerpo heredero de la era eléctrica en la que vivimos (así la llama el omnipresente McLuhan). Junto al nunca olvidado teclado pianístico, transformado en aparato controlador de instrumentos sin cuerpo, vienen a la luz un infinito numero de aparatos que a través de controles táctiles en forma de sliders, manoplas giratorias y pulsantes, permiten a nuestro cuerpo interactuar con lo que el cuerpo lo ha recién perdido. A diferencia del mono-gestual mouse, estos dispositivos permiten controles múltiples simultáneos, y sin tener que encontrar el puntero en la pantalla para posicionarlo en su sitio.

Pero el estímulo del poderío electrónico y del lenguaje digital mira siempre mas allá, hacia un mercado, perdón, un horizonte, saturado de artilugios que transforman el concepto de interfaz persona-dispositivo en algo más cerca de la extensión directa del sistema nervioso (otra vez la clarividencia de McLhuan). Es así que asistimos al florecer de toda una nueva generación de sensores, aparatos que captan gestos, movimientos, posicionamiento espacial, temperatura, presión, y todo lo que el mundo físico propone, para traducirlo en datos digitales, aplicables a cualquier otro dispositivo, sea éste constituido por bits o átomos. Tanto con webcams, Arduino, Raspberry, Kinect, Leapmotion, Mogees, como con touchscreen multicanales y micro-inteligencias artificiales.

Asistimos a la metempsicosis del instrumento musical, ya que el bit ha introducido el concepto de no especialización
del dispositivo, y el mismo aparato puede penetrar en diferentes cuerpos y controlar sonidos o luces, motores o imágenes. Todo depende del software que está por medio, de la traducción literal que éste opera entre una lengua y la otra. Esta oportunidad inclina definitivamente la separación de las artes fruto de la revolución industrial; el artista puede volver al genio único renacentista, encarnar al compositor-instrumentistavideoartista-malabarista. Es el manifiesto para el Arte Único y Total. Y en efecto, a pesar de todo, funciona y atrae también a artistas de generaciones pre-digitales. De hecho, si la percepción es multisensorial, ¿por qué el arte tendría que ser monosensorial?

Sin embargo, el instrumento tradicional ha desarrollado su cuerpo a través de siglos de uso y evolución natural;
estos cacharros no acaban de nacer y ya se desvanecen en el limbo de un mercado convulso y descontrolado; muy pocas invenciones duran el tiempo necesario para desarrollar una práctica real sobre su uso. Y hay una especie de rechazo, de vuelta a lo analógico, a lo tribal, a aquel aparato que no tiene problemas diarios de compatibilidad con el sistema operativo que lo alberga.

“Mi anhelado instrumento, que tanto tiempo he tenido en mis manos, entrenando en simbiosis y complicidad, ¿dónde estás? ¿dónde has ido a esconderte? ¿Podré reconocerte en nuestra era eléctrica? Y tu ¿reconocerás mis gestos que te acariciarán?”

Próximo episodio: cyborg-instruments, el híbrido como evolución de la especie.

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