El café de la lluvia

El café de la lluvia

Una razón

Hace más de diez años empapelé la facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Madrid con un texto mío que ni tan siquiera conservo, pero que recuerdo muy bien. La intención no era otra que intentar sacudir las mentes ante la gris espiral de la rutina diaria.

Cuando finalicé mis estudios me resigné a trabajar en una entidad bancaria, durante la carrera había estado en puestos de trabajo de toda índole, mientras lo compaginaba con la investigación. Cada vez más desencantado con el mundo de la investigación y sumido en el trabajo, me di cuenta que había caído en aquella espiral de plástico que tanto critiqué en mis inicios en la facultad. En ese momento surgió la idea de crear El Café de la lluvia, aunque más que idea podríamos decir necesidad. La necesidad humanística de crear un espacio en el que la cultura y el pensamiento crítico llegasen a todos los rincones de la sociedad.

El café de la lluvia

Crear identidad

El nombre del programa de radio no tardó en llegar. Como buen conocedor de la historia decimonónica española, tenía claro que debería tratarse de un café. No podía dejar de pensar en aquellos espacios de debate y reflexión acompañados por el auge de la prensa y las revistas culturales. Estas últimas fueron además las que me proporcionaron la estructura sobre la que debería vertebrarse el programa. Arte, literatura, historia, filosofía, música y artes escénicas irían dadas de la mano.

A la hora de escoger un logo opté por El café, una pintura sobre hojalata realizada por Ricardo Balaca y Oreja entre los años 1830 y 1840, dicha imagen pues definía muy bien lo que quería transmitir. ¿Y qué melodías podrían dar paso a este espacio radiofónico? La canción del pirata de Espronceda, versionada por los riojanos Tierra Santa, me pareció adecuada. El grupo de rock aporta fuerza al canto libertario del poeta extremeño.

El comienzo de la aventura

El 25 de noviembre de 2011 comenzó a retrasmitirse el programa en directo en Radio Carcoma (emisora libre de Madrid). Un laboratorio de experimentación en el que aprendí a hacer radio, y no lo hice solo, pronto me rodeé de buenos amigos que de vez en cuando me acompañaban en la emisora. Hacer monográficos y mesas con amigos estaba muy bien, pero al poco tiempo me di cuenta de que era necesario abrir las puertas de El Café de la lluvia y llamar a su vez a otras (lo que no era óbice para seguir manteniendo a mi lado a aquellas personas que me habían acompañado desde el principio). Músicos, escritores, historiadores, periodistas e instituciones, comenzaron a asomarse por la emisora.

El café de la lluvia

Y nos dejamos llevar

Poco a poco el hobby comenzó a convertirse en algo diferente, tal es así que registré la marca, adquirí un dominio y a partir del 3 de marzo de 2014 el programa pasó a  emitirse en Radio Vallekas, dejando atrás el primer capítulo de esta aventura. La sexta temporada (la actual) arrancó con una nueva página web mucho más dinámica que permite un gran número de funcionalidades. La idea de la nueva web ya no era solo alojar las emisiones en directo en forma de podcast y colgar algún artículo suelto, sino ser un espacio más amplio en el que la participación no tuviera límites. Tal es así que contamos con una serie de colaboradores que tienen sección propia.

Reflexiones y un ahora qué

El entorno digital nos permite darnos a conocer con gran efervescencia, pero eso conlleva una responsabilidad y más en el ámbito de la difusión cultural. Recuerdo la última entrevista que realicé al arquitecto Vicente Patón poco antes de que nos dejara (fue presidente de Madrid, Ciudadanía y Patrimonio), en ella reflexionábamos sobre la dicotomía entre la piel de la cultura o el alma de la misma, una metáfora que derivó al tratar el dramático caso del proyecto canalejas en la ciudad de Madrid. En este espacio pretendemos adentrarnos en lo más profundo,  analizar, comprender y reflexionar en aras de generar un pensamiento crítico. Una finalidad que nos lleva a abrazar lo cualitativo antes que lo cuantitativo, un debate que daría para hablar horas.

Es innegable que El Café de la lluvia es mi pasión, sin embargo de momento de esta pasión no vivo,  de hecho pierdo dinero y no le puedo dedicar el tiempo que desearía. Lo que es cierto es que gracias al programa he conocido a personas fascinantes y he aprendido mucho, eso siempre irá en la mochila conmigo. Finalmente os he de confesar que el espacio ha llegado a un punto de inflexión en el que toca quedarse con el recuerdo o buscar medidas de financiación y seguir hasta el final, si leen este artículo entenderán que he escogido la segunda opción.

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