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Hist♀ria: Irene la primera Basileus

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Irene una mujer que pasó a la historia por dos motivos:

Ordenar cegar a su único hijo, el coemperador Constantino VI el 19 de agosto de 797 y ser la única mujer en ser nombrada Basileus (lat. Imperator)(gri. Βασιλευς), gobernando el imperio en primera persona (797-802).

Pero ¿quién era y dónde vivió Irene?
Irene nació en el 752 en Atenas, de noble familia, huérfana a la edad de 16 años. Bella y joven se casó con el emperador León IV de la dinastía Isauriaca. En aquel tiempo el impero oriental estaba
amenazado militarmente, en los Balcanes por los eslavos, en Asia menor por la avanzada del califato de Bagdad. Pero el peligro por la supervivencia del imperio provenía de la misma capital Constantinopla, una ciudad única, metrópoli del alto Medievo donde el occidente se cruzaba y encontraba con el oriente, reunida entorno al Hipódromo donde el demos se dividía entre verdes y azules. La lex romana con el Corpus iuris civilis convivía con las tradiciones y prácticas persas en los símbolos, los ropajes imperiales y los rituales de mutilación de los adversarios políticos. La religión se sentía con fervor por la población y era causa de graves disturbios, inestabilidad y golpes de estado. En tiempos de Irene el objeto de la controversia religiosa que dividía al imperio enfrentaba a iconoclastas e iconódulos. Los primeros, apoyados por los Isauricos, eran provenientes de las regiones asiáticas y adversos al culto a las representaciones figurativas. Los iconódulos, provenientes de regiones occidentales, por otro lado eran partidarios del culto hacia las imágenes.

Irene la primera Basielus

Mapa extensión dominios Bizantinos entre los siglos VIII-XI

Basilissa y tutora de Costantino VI:
En 769 León e Irene, inmediatamente después de la boda, fueron coronados como Basileus y Basilissa y declarados coemperadores con Constantino V. En el 771 Irene dio a luz un hijo varón llamado como el abuelo Constantino. Cinco años más tarde murió el viejo Constantino, y León IV e Irene asumieron todo el poder y coronaron a su pequeño hijo como coemperador. El reino de León IV duró hasta el 780 cuando murió en extrañas circunstancias, probablemente por envenenamiento. Los cinco hermanos menores del difunto Basileus se aliaron entre ellos para acceder al poder, pero Irene demostrando gran pericia los adelantó y se hizo con el poder como regente por cuenta de Constantino VI. Entre el 780-784 Irene se centró en campañas militares contras los árabes y después contra los eslavos. Muchos estudiosos nutren dudas sobre la real creencia y devoción de Irene por los iconos. Lo cierto es que para poder seguir con el poder necesitaba un apoyo
y eligió el bando iconódulos. Irene movió sus fichas se apoyó en la política interna en Eustaraquio, un eunuco al que nombró logoteta del dromo, a cargo de la policía y de los asuntos exteriores. En el 784 obligó a dimitir al patriarca iconoclasta de Constantinopla y en su lugar colocó al fiel Tarasio. Con su ayuda Irene convocó un concilio en el 786 en Constantinopla para condenar a los iconoclastas. El 787 se celebró el séptimo concilio ecuménico en Nicea, donde se condenó la iconoclastia, afirmando que los iconos podían ser venerados, pero no adorados.
Excomulgó a los iconoclastas, restaurando así el culto de las imágenes sagradas.

De exiliada a Basileus:
Las medidas tomadas por Irene no surtieron el efecto esperado. En el 790 el ejército de estancia en Asia menor, ligado a la familia Isaurica y al culto de los iconos, depuso a la regente Irene y nombró Emperador al joven Constantino VI. Irene se retiró en el palacio de Eleuterio y su eunuco Eustaraquio fue desterrado. Constantino VI gobernó, con escasa suerte militar y política durante dos años hasta el 792, cuando presionado por la corte llamó nuevamente como coemperatriz a su madre. En el 793 los tíos de Constantino intentaron un nuevo golpe de estado, pero la reacción de Irene coadyuvada nuevamente por Eustaraquio fue rápida y tajante, neutralizando el tentativo al nacer. El deterioro de la relación entre madre e hijo iba aumentando paulatinamente. La impopularidad de Constantino crecía, empujado por la madre, arrestó y cegó al general Alessio Mosele por sospechar de su lealtad. El cegamiento de Mosele hizo perder a Constantino VI el favor de las tropas de Anatolia. Posteriormente Irene empujó a Constantino VI a divorciarse de su esposa María, casándose con Teodota (795). Esta decisión hizo a Constantino VI impopular entre los ortodoxos, especialmente los zelotes, acusándolo de adulterio. Cada vez más aislado, el 19 de agosto del 797 Irene decidió tomar el poder definitivamente, Constantino fue arrestado y cegado. Tras la enucleación de sus globos oculares Constantino encontró la muerte, siendo extremadamente impopular. Pocos lloraron su muerte y la gran mayoría vio en el golpe de Estado llevado acabo por Irene un acto de liberación de un tirano.
Al ser la primera emperatriz bizantina asumió el título de Basileus en lugar de Basilissa, título de la emperatriz consorte. Sus enemigos seguían siendo muchos, y en seguida tuvo que sofocar una nueva conjura: el papado declaró el trono imperial vacío otorgándolo a Carlomagno en el 800. Necesitaba apoyos, e intentó hacerse popular realizando numerosas edificaciones (iglesias, asilos para ancianos, hospitales) y bajando los impuestos. A su vez comenzó una lucha interna en la corte entre dos bandos: el de Eustaraquio y el de Aecio, dos eunucos de corte que intentaban poner un propio familiar a sucesión de Irene. La Basileus nunca pensó en casarse y regular su sucesión. Una mujer sola en un mundo viril, probablemente no deseaba tener que pelear nuevamente por ejercer su derecho al poder. En el 802 un golpe de estado dio la autoridad al ministro de economía Nicéforo. Finalmente Irene fue desterrada a la isla de Lesbos, donde murió poco después en el 803.
Nos despedimos con la palabras de Rosa Montero sobre Irene en un artículo escrito en El País del 2005:

“Contra todo pronóstico, contra toda costumbre, contra su propio sexo, esta Irene inteligente, bella y cruel había logrado alcanzar la cúspide de un enorme imperio en decadencia, de una corte suntuosa y bárbara en la que las mutilaciones fueron habituales durante siglos. Ella hizo lo que muchos otros basileus hicieron, pero al mutilar a Constantino estaba sellando su lugar en la Historia. La emperatriz Irene, que tanto y tan ferozmente luchó por escapar de su identidad y su destino de mujer, hoy es recordada sobre todo como la madre que cegó a su propio hijo”.

Acerca del autor

Andrea Vincenti

Arqueólogo y cooperante. Viajero y Knowmad. Trabajo desarrollando proyectos que generan impacto positivo en la sociedad a través de proyectos sociales que involucran patrimonio y comunidades locales, buscando la mejora de la vida de las personas.

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