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Economía Social y Solidaria

Antimo il delfino

Antimo il delfino

Antimo il delfino

Armado de valor y temeroso de dios, heme aquí de nuevo con mi escudo y mi espada, es decir papel y pluma para escudriñar los derroteros por donde me lleven este puñado de letras que hoy escribo.

De vuelta a la ciudad encuentro una vez más la falta de contacto visual, el primer contacto. Ya se sabe que las ciudades, incluso las pequeñas están llenas de almas solas; la individualidad como forma y expresión de libertad por encima de todo y de todos, acompañado por el rumore (¡rumoreeee…!) de fondo que me recuerda, una vez más, la escasez de vergüenza en este mundo.

Entre tomate y tomate hemos realizado una pequeña escapada a Italia, al Salento, región con dialecto propio: “Salentu, lu sule, lu mare e lu ientu.”

¡Ya se han casao, ya se han casao…! que cantábamos de niños los que tenemos cierta edad. Acudimos al enlace matrimonial de dos queridos amigos en compañía de un número de personas más que aceptable, quiero decir con esto que no ha sido el típico bodorrio, como decimos por estos lares, donde hay más gente que vecinos del lugar. ¡Blanca y radiante iba la novia! y no falto a la verdad. El novio, gentleman reconocido, cumplió con creces nuestras expectativas, guapo y elegante hasta decir basta.

Para mí que ha sido una boda atípica en lo que concierne a un puntual aspecto: que yo recuerde, incluida la mía, los novios son los que peor lo pasan, y si me apuran y no yerro en mi diagnóstico, en ésta efemérides fueron precisamente los novios los que mejor lo pasaron.

Como es sabido, y yo participo mucho de esta opinión, el viaje no es completo si solo es exterior, ajeno a nuestra capacidad de interactuación. Para esto es mejor quedarse en casita viendo TeleTienda y haciendo TeleViaje. Tal vez sea esta la razón por la que más tarde o más temprano terminamos dando con algún “personaje” en algún lugar pintoresco y las más de las veces lejos de la multitud.

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Y así fue que recalamos en un pequeño puerto de pescadores y conocimos a Antimo, il delfino de Porto Cesareo. Infante de la Marina italiana, maquinista de cine, pescador, pero sobre todo cantor. Tras el infructuoso intento de hacer un giro en un barquito turístico, el propio empleado a pie de amarre nos llevó hasta Antimo. De entrada entablamos un regateo en el precio hasta llegar a un acuerdo, momento este primero de miradas desconfiadas. Sin embargo fue zarpar y disfrutar. Nuestro amigo hizo un despliegue que de entrada nos dejó anonadados. Comenzó a desfilar ante nuestra atónita mirada todo el repertorio musical de las Italias que forma parte de ese imaginario musical en el que crecí, sobre todo por el Festival de San Remo… Al Bano, Adriano Celentano, Gigliola Cinquetti, Nicola di Bari, Domenico Modugno, etc.

Tuvimos la ocasión de bucear frente a la Torre Chianca y ver le Colonne Romane en el fondo de la bahía para posteriormente desembarcar en la isola dei conigli; pero sobre todo disfrutamos de la compañía de Antimo, según el cual chi ha un amico ha un tesoro.

Hay publicado un libro, escrito por un periodista, sobre Porto Cesareo contado por este marino, pescador y cantor irreductible de setenta y dos años: Approdo a… Porto Cesareo.

Acerca del autor

Wazo Magazine es la revista colaborativa gratuita de Wazo Coop. Se trata de una publicación social que da acceso a personas voluntarias que contribuyen a su realización aportando artículos relacionados con proyectos de industrias creativas e innovación social.

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